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Durante la última década, Bolivia experimentó un crecimiento positivo superior al 4% del PIB. El crecimiento en Bolivia se apoya en las exportaciones de productos básicos y gas natural. El país sigue siendo una de las principales economías sudamericanas, registrando un crecimiento del 4% en 2018 (FMI). Sin embargo, Bolivia depende de los precios del petróleo. La gran caída en los ingresos por exportación de gas ha afectado las cuentas públicas: el presupuesto y los déficits actuales están aumentando. 

Se espera que el crecimiento se mantenga entre los más fuertes de la región en 2019. Los altos niveles sostenidos de inversión pública y el fuerte consumo de los hogares, ayudados por la inflación controlada, la estabilidad de la moneda y el aumento de los salarios, deberían impulsar la economía hacia adelante. Una perspectiva favorable de los precios de los hidrocarburos y minerales también debería contribuir a reducir los desequilibrios fiscales y externos. 

Los departamentos del eje trocal de Bolivia son La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, los mismos concentran el 71% de los 10 millones de habitantes de Bolivia, a pesar de que solo suponen el 50% del territorio nacional.  

El carácter de mediterraneidad de Bolivia la obliga a acceder al mercado mundial a través de los países vecinos, haciéndola dependiente de las relaciones con los mismos y de la gestión de las infraestructuras de terceros. La inversión pública en infraestructuras de transporte representa cerca de un 5% del PIB nacional y ha estado principalmente orientada a la adecuación de vialidad (hasta un 88% del total).